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Se conoce como afrodisíacos a las sustancias que estimulan el deseo sexual. Algunas realmente lo incitan, otras sólo han trascendido las barreras del tiempo como mitos a través del saber popular. El término ('afrodisíaco') se deriva del nombre Afrodita, que era la diosa griega del amor, la energía primaveral y la fecundidad. En la mitología romana era la misma Venus.
Los afrodisíacos pueden ser: De acción central, por tradición cultural, por excitación de vías análogas a las sexuales, por asociación sensual o por irritación directa de la mucosa genital.
Los de acción central por lo general son sustancias que desinhiben y producen la pérdida de los frenos naturales. Pueden ser fármacos, hormonas u otras sustancias entre las que se puede mencionar la mandrágora, el alcohol, las drogas, el satiricón, el chocolate, entre otros.
Los de tradición cultural son aquellos de alguna manera misteriosos transmitidos de una generación a otra, por ejemplo los mariscos, el guaraná, el borojó, el noni, el chontaduro, los nidos de golondrinas, el semen de animales, los cuernos de rinoceronte y el ginseng.
Los de excitación de vías análogas a las sexuales son los perfumes y fragancias.
Los de asociación sensual suelen tener forma parecida a los órganos sexuales de ambos géneros, por ejemplo el plátano, el banano, los espárragos, el pepino, las almejas, las ostras; los que recuerdan la mucosa genital como las fresas y manzanas rojas, o los que se simulan la silueta femenina como las peras y guitarras.
Los de irritación directa de la mucosa genital producen congestión y prurito a nivel de los genitales femeninos, lo que se confunde con excitación sexual. Pueden ser ingeridos o frotados directamente en los genitales.
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