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El trastorno sexual que más temen los hombres

Noticia publicada el jueves 17 enero, 2008

Trastorno impotencia mantener la erección

Un día despues de haber cumplido 36 años, Sam Hutton, un abogado residente en California, estaba limpiando la cocina con su esposa, Karen. Los niños ya se habían ido a dormir.
De improviso, Sam levantó a su mujer en el aire y la llevó en brazos al dormitorio. Se pusieron a hacer el amor, pero él notó con sorpresa que no podía mantener la erección. No estaba cansado; por el contrario, nunca se había sentido mejor. Según el último examen médico a que se había sometido, gozaba de perfecta salud. Una vez a la semana recorría 80 kilómetros de terreno escarpado en bicicleta; no fumaba, y rara vez bebía. Al día siguiente se dijo que aquello no se repetiría. Pero se repitió, cada vez con más frecuencia. AI cabo de unos meses, Sam empezó a dudar de su virilidad, y Karen a creer que ya no le resultaba atractiva. Al ver amenazado su matrimonio, Sam acudió al médico de la familia.
—No tienes nada anormal —le informó éste—. Probablemente el trastorno es consecuencia del estrés. Voy a enviarte a un psicólogo.
Aunque Sam no creía tener ninguna alteración psicológica, estaba dispuesto a probar lo que fuera. Se sometió a terapia sexual junto con Karen, pero al cabo de varias semanas seguía igual que al principio. Entonces un amigo le habló del doctor Irwin Goldstein, profesor de urología de la Universidad de Boston y director de una clínica para el tratamiento de la impotencia. Sam concertó una cita con él y tomó un avión a Boston. En la consulta, se aferró a los brazos del sillón mientras Goldstein revisaba sus notas.
—Dice usted que tarda mucho en conseguir la erección, y que sus accesos de impotencia son cada vez más frecuentes —reflexionó el médico, y añadió—: ¿Ha tenido algún accidente con la bicicleta?
—Pues... hace cosa de dos años me caí y me di un buen golpe con el cuadro —recordó Sam
Al doctot Goldstein se le iluminó el rostro.
—¡Eso es! Ahora estoy seguro de que podemos ayudarle.
aunque la impotencia es un trastorno del que no suele hablarse abiertamente, lo cierto es que afecta a la mayoría de los hombres en alguna época de su vida. En un estudio efectuado con un grupo de casi 1.300 individuos de entre 40 y 70 años de edad, un 52 por ciento de ellos declaró haberla padecido. Pese a lo elevado de la cífra, las víctimas por lo general sufren en silencio.
"Los hombres aceptan fácilmente la idea de estar enfermos del corazón, el estómago o los pulmones, pero se inclinan a pensar que el pene está exento de dificultades", explica Goldstein, uno de los especialistas en impotencia más destacados de Estados Unidos. "Pues bien, el pene es un órgano como cualquier otro, y puede sufrir trastornos funcionales".
Cada día los expertos se convencen más de que, en muchos casos, la impotencia tiene causas físicas. Los médicos de la generación anterior aconsejaban a sus pacientes impotentes acudir a un psicólogo; actualmente, los psicólogos les envían a un médico.
"La dificultad para conseguir la erección siempre entraña un factor psicológico", señala el doctor John Whipple, de la Clínica Menninger, en Topeka, Kansas. "Pero ahora sabemos que en muchos casos también intervienen causas orgánicas. La potencia sexual exige un funcionamiento perfecto de los sistemas nervioso y circulatorio". En condiciones normales, la erección se produce por la afluencia de sangre al pene, la cual depende de la dilatación de las arterias que lo irrigan y la relajación de los músculos circundantes. Una vez que el órgano está erecto, sus venas quedan estranguladas temporalmente, lo que impide el retroceso de la sangre.
En opinión de los expertos, es posible que hasta un 80 por ciento de los casos de impotencia que llegan a manos de los médicos tenga causas fisiológicas, en su mayoría de tipo circulatorio o vascular. La hipertensión, por ejemplo, puede ocasionar obstrucciones arteriales que reduzcan la afluencia de sangre al pene.
La impotencia también puede deberse a la diabetes, la insuficiencia renal y la esclerosis múltiple, trastornos que producen daños neurológicos y vasculares.
Otra causa frecuente son los medicamentos. Como muchos de ellos bloquean los receptores del sistema nervioso autónomo, encargado de regular la erección, no es de extrañar que entre sus efectos secundarios se cuente la impotencia.
Nada ejemplifica mejor este hecho que los antihipertensores. Más de un 25 por ciento de los hombres llega a padecer hipertensión; el tratamiento con medicamentos tal vez les salve de un ataque de apoplejía de funestas consecuencias, pero al mismo tiempo puede dar al traste con su vida sexual.
Si usted padece impotencia y sospecha que se debe a un medicamento, pregunte a su médico si puede recetarle un sucedáneo, Lo más probable es que sí pueda.
En una pequeña proporción de los casos, sobre todo entre los jóvenes, la causa de la impotencia es un accidente. Cualquier golpe en la entrepierna puede lesionar la raíz del pene al comprimirla contra el hueso pubis; si la lesión afecta el recubrimiento vascular, los vasos pueden estrecharse y dificultar la erección. En ocasiones el estrechamiento se produce tan despacio, que el golpe se olvida mucho antes de que empiece a tener consecuencias.
Caerse de una bicicleta o recibir un rodillazo en la entrepierna al practicar algún deporte son las maneras más comunes de lesionarse la raíz peneana. "No hay aditamento deportivo que proteja contra estos traumatismos", advierte Goldstein. "Ni los suspensorios ni los protectores rígidos son suficientes".
Sin embargo, los médicos tienen la posibilidad de diagnosticar el trastorno mediante la ultrasonografía u otras técnicas que permiten medir el calibre y el flujo circulatorio de las arterias que intervienen en la erección. En el caso de Sam Hutton, Goldstein descubrió una grave obstrucción arterial causada por la caída de la bicicleta.
Ted Archer, residente de Miami de 41 años de edad, tenía dificultad para conseguir y mantener la erección. Su médico no le encontró ninguna anomalía, pero el doctor Lonnie Epstein, un especialista de Fort Lauderdale, Florida, descubrió que tenía una insuficiencia circulatoria leve en el pene.
"De cada 100 pacientes del grupo de edad de Ted que me consultan a causa de la impotencia, al menos 20 padecen una insuficiencia circulatoria debida al endurecimiento prematuro de las arterias", afirma Epstein.
Informado por e! especialista de los diversos tratamientos disponibles, Archer optó por uno que ha comenzado a generalizarse recientemente: inyecciones en el pene de un preparado en cuya composición entran fármacos como la papaverina, la fentolamina y la prostaglandina El. Epstein le instruyó en la manera de usar una jeringuilla con una aguja muy delgada para aplicarse, con una molestia mínima, las inyecciones en un costado del órgano. Al cabo de unos diez minutos, el preparado produce una erección que dura más de media hora. "Tanto Ted como su esposa acogieron el tratamiento con mucha naturalidad", dice Epstein. "La turbación que él hubiera podido sentir en un principio se vio compensada una vez que recuperó la confianza".

A pesar de los buenos resultados de esta terapia, muchos hombres se muestran reacios a inyectarse. Una alternativa es el empleo de un aparato de succión, que consiste en un cilindro de plástico, una bomba manual o de baterías y un anillo elástico. Colocado alrededor del pene, el cilindro genera, por acción de la bomba, un vacío que arrastra sangre al órgano. A continuación, el anillo se desliza desde el cilindro a la base del pene, donde permanece durante el acto sexual.
Otra posibilidad es la colocación de una prótesis. La intervención, disponible desde los años setenta, consiste en implantar un material semirrígido en el pene, con lo que el órgano adquiere permanentemente una consistencia lo bastante firme como para posibilitar las relaciones sexuales, sin que se note demasiado.
En una operación más moderna se implanta un globo en el pene, una bomba diminuta en el escroto y un pequeño depósito de líquido en el abdomen. Para producir la erección, se aprieta la bomba, que impulsa el líquido al globo. La erección se interrumpe accionando una válvula de la bomba.
Para algunos afortunados, como Sam Hutton, la derivación arterial es una opción quirúrgica más. "A Sam no le interesaba ningún tratamiento que no le brindara una mejoría completa", recuerda Irwin Goldstein. "Lo sometí a una operación y, al cabo de un mes, su vida sexual volvió a la normalidad". Tal corno se hace en una derivación quirúrgica de las coronarias, el médico injertó un tramo de vaso para que el flujo sanguíneo se desviara por él y eludiera las obstrucciones. Sin embargo, la intervención aún se considera experimental, y sólo determinados pacientes son candidatos a ella.
Por fortuna, la mayoría de los casos de impotencia no exigen tratamiento quirúrgico. Y, gracias a lo que hoy sabemos, se pueden tomar varias medidas preventivas:

Lleve una dieta escasa en grasas. El doctor Sheldon Burman, director del Instituto de Disfunciones Sexuales Masculinas, de Chicago, recomienda: "Para frenar la insuficiencia circulatoria progresiva de fas arterias peneanas, baje de peso si lo necesita, haga ejercicio con regularidad y controle su concentración sanguínea de colesterol y triglicéridos".
Deje de fumar. De acuerdo con un estudio realizado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, los fumadores corren un riesgo un 50 por ciento mayor de sufrir impotencia que los ex fumadores y que quienes nunca han fumado, lo cual se debe a que el cigarrillo favorece el endurecimiento de las arterias. "Dejar de fumar es una de las precauciones más eficaces que puede usted tomar contra la impotencia prematura", concluye el doctor Burman.
Beba con moderación. El alcohol es una sustancia deptesora que embota los reflejos y la capacidad de excitación. Bajo sus efectos, aunque la voluntad esté dispuesta para el sexo, el cuerpo no responderá.

Con los recursos preventivos y terapéuticos de que disponemos, no hay razón para privarse de una vida sexual satisfactoria. "La investigación de la impotencia es un campo sembrado de esperanza para los afectados", dice Goldstein. Estas son buenas noticias para hombres y mujeres por igual.

Para obtener más información, haga click aquí.
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