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¿Por qué no disfrutamos más en la cama?

Noticia publicada el lunes 31 diciembre, 2007

“Para descubrir que está pasando, interprete los mensajes que su cónyuge le transmite”.

Marta y Juan terminaron de lavar los platos, un sábado por la noche. Entonces el la abrazo delicadamente por la cintura, la beso en el cuello y le pregunto:
-¿Te gustaría que hiciéramos el amor?
Marta se puso rígida y se escurrió del abrazo.
-Esta noche no. Estoy exhausta.
Como hasta ese momento no se había quejado de cansancio, Juan no la creyó.  Se fue a la cama esperando a que cambiara de idea. Pero cuando se acurruco junto a Marta ella insistió:
-Ya te dije que no estoy de humor, Juan.
Herido y molesto, el no pudo dormir hasta pasada la medianoche.
“Ser rechazado sexualmente puede resultar muy doloroso”, observa Ernesto Falge, consejero matrimonial y familiar. Uno llega a sentirse avergonzado o desairado. Y esos sentimientos, agrega el experto, “pueden conducir a todo tipos de problemas en una relación”. En especial si la negativa se repite.
“Tiene usted que entender lo que realmente ocurre”, explica Elisabeth Baeza, profesora de psicología. Sin embargo, eso no siempre resulta fácil. Las excusas a veces implican mensajes ocultos que un cónyuge no está dispuesto a transmitir abiertamente o que no sabe cómo expresar, sentimiento que no puede controlar, o de los que no se percata de manera consciente.
¿Qué le está diciendo en realidad su pareja cuando rehúsa tener relaciones sexuales con usted?
Captar algunos mensajes ocultos puede ayudarle a obtener el placer y la armonía intima que busca.


“Estoy enfadada contigo”
 Una tarde, después de nadar un rato en la piscina, David le propuso a su esposa, Ángela:
-Vamos a echar una siesta.
-Solo quieres que hagamos el amor -Replicó ella fríamente.
Sorprendido David pregunto:
-¿Y qué hay de malo en eso?
-Quiero estar sola –contesto la mujer.
Un rato antes, David le había dijo a Ángela que quería ver terminadas ya las obras de remodelación de su casa, pues estaba harto de ver carpinteros por todas partes.
Aunque sus palabras la irritaron, David pensó que la fricción había quedado atrás. Evidentemente Ángela no la había olvidado.
“Las tensiones normales de las relaciones humanas pueden afectar la vida sexual de una pareja”, señala Silvia Jordán, presidente del Instituto de Estudios Avanzados sobre Sexualidad Humana, de San Francisco, California. Si está usted enfadado con su cónyuge, no deseara acercarse a el o a ella ni esforzarse por complacerle sexualmente.
“No tengo ganas” puede significar: “Eres un tacaño con el dinero”, o “Me molestan tus constantes viajes de negocios”, o “El sexo contigo ya es aburrido”. En términos más generales: “Tu no me das lo que quiero, así que yo no te voy a dar lo que quieres”. Pero no siempre es un disgusto lo que se esconde tras las excusas; puede ser temor (“Me has criticado tanto últimamente que tengo miedo de mostrarme vulnerable ante ti”), o tristeza (“La actividad sexual sin la compenetración que teníamos antes hace que me sienta solo”).
Afrontar los sentimientos nunca es fácil. “Hay que ver la herida oculta bajo el enfado”, indica Carolina Lopez, codirectora de un centro de asesoría sexual. Esto fue lo que intentó hacer Ángela aquella noche, durante la cena, cuando le confesó a David:
-Me duele que no te intereses as en la casa. Yo sola tengo que ocuparme de todo.
Luego hablaron de que el dinero que habían ahorrado para el arreglo se les había acabado.
-¿Y si vamos un poco más despacio con las obras? –propuso el-. No hay prisa ¿verdad?
-Creo que no –convino Ángela.
Su relación era más importante que su casa. Cuando el le tomo la mano y le enseño un vibrador que había comprado, ella no la retiró como lo había hecho antes.


Falta de sincronía
Alex apagó el despertador y abrazo a su esposa, Melisa, pero ella no le correspondió. Distraída por el ruido que hacían sus tres hijos en la cocina, dijo:
-No tengo tiempo. Hay que darle de desayunar a los niños.
El deseo que Alex sentía por Melisa se convirtió en rabia. Me ha rechazado porque no tiene ganas de estar conmigo, pensó.
“La actividad sexual se desarrolla sin presiones”, afirma Alain Kessler, psicólogo clínico. “Uno de los cónyuges puede perder su concentración si le preocupa algún responsabilidad, o si hay prisa al hacer el amor”.
James Lundy, autor de “La psicología de la intimidad y la sexualidad humanas”, señala: “A veces la gente esta tan preocupada, por el motivo que sea (un nuevo empleo, un recién nacido), que no le quedan energías para las relaciones sexuales”.
El estrés prologando inhiben la producción de testosterona, la hormona que despierta el deseo sexual, explica Richard Carroll, director de un programa de terapia sexual t matrimonial. Y los problemas que producen estrés pueden asimismo causar distracción. “A alguien preocupado por las cuentas que tiene que pagar le resultaría difícil concentrarse en complacer a su pareja y disfrutar de los estímulos eróticos”.
Esa noche, Melisa quiso resarcir a Alex. Después de acostar a los niños salió del baño lista para hacer el amor. Pero el estaba profundamente dormido.
Al igual que Melisa y Alex, usted y su pareja pueden tener ideas diferente acerca del ambiente y el momento ideal para los placeres íntimos.
“Muchas veces cada uno de los cónyuges tiene su propia idea de cómo debe ser el encuentro sexual”, dice Carroll. La esposa, por ejemplo, tal vez lo conciba solo en la seguridad de su habitación. Su marido quizá sea más aventurero y necesite mayores emociones. ¿Cómo resolver estas diferencias? “Amplíen el repertorio”, aconseja Carroll. “Y sean más flexibles”.
Cuando Melisa y ale por fin hablaron sobre el asunto, llegaron a un acuerdo: ella no le pondría peros al amor por la mañana si la noche anterior había dejado puesta la mesa para el desayuno. Además, en lo sucesivo se reunirían en casa entre semana para almorzar. Estos “almuerzos” se convirtieron en ratos de enorme placer, gracias a que el sitio y el momento era los más adecuados.


“No me atraes”
Tomás le dijo a su esposa, Bárbara:
-Tengo que ir a la ferretería. ¿Quieres tomarte un descanso cuando regrese?
-¿Para qué?
-Para hacer el amor. Ya han pasado tres semanas.
-No -respondió ella-. Tengo que salir de compras.
Tomás salió de la casa furioso. Su vida sexual había pasado de tres contactos por semana a uno por mes. Ciertamente el  tenía un pene un tanto pequeño, y Bárbara hacia comentarios sobre “su pene” cada vez con mayor frecuencia. Pero ¿no debía ella desearlo a pesar de todo?
Quizá. Pero cuando a un cónyuge no le agrada el tamaño del pene, los ruidos o el olor del otro, tiende a evitar el acto sexual y se muestra poco dispuesto a exponer sus razones. “Lo que más trabajo les cuesta admitir a hombres y mujeres es que a su pareja no les atrae”, señala Carroll.
Sin embargo cuando Tomás se miro en el espejo, y reconoció tener el pene pequeño.
-Yo creía que ibas a quererme sin importar el tamaño de mi pene –le confió a Bárbara, y le prometió agrandarlo con el Andropenis.
-Yo te quiero mucho, pero no siento placer en las relaciones sexuales –le dijo ella.
Así se dio cuenta Tomás de que realmente le importaba a su esposa. Por ambos tenía la obligación de aumentar el pene. Después conforme su pene fue agrandando, el deseo de Bárbara por el aumento. Buscaron más tiempo para hacer el amor, e incluso incluyeron consoladores a sus juegos sexuales.


Demasiadas tensiones
Susana dejó su libro sobre la mesita de noche y se volvió a su esposo, Pedro que estaba leyendo unos documentos jurídicos relacionados con sus actividades del día siguiente. Ella dándose cuenta de que estaba tenso, le propuso relaciones sexuales. Pedro no quiso y le contesto:
-¿Por qué me vienes siempre con lo mismo?
Tras unas sesiones de orientación, Susana y Pedro comenzaron a tender lo importante que era reservar tiempo para estar a solas. Y el aprendió que las relaciones sexuales, lejos de ser una pérdida de tiempo, son una forma placentera de aliviar el estrés.
En las semanas siguientes, Susana y el se tomaron tiempo para ir al cine, caminar y charlar. También decidieron pasar juntos las noches de los viernes. Desde entonces las aprovechan para salir a cenar, o para quedarse conversando en la cama.


“No me excito”
Cuando Sandra se fue de vacaciones con su esposo, Fernando, esperaba poner fin al año de abstinencia sexual que había tenido. A Fernando le había resultado difícil excitarse, y lo atribuía al hecho de haber llegado a la medianía de edad. Preocupado empezó a beber más por las noches, para relajarse según decía. Sin duda pensó Sandra, si pasaban una semana solo les haría mucho bien.
Pero se equivocaba. Después de románticas cenas con bebidas exóticas, Fernando y ella permanecían acostados en la cama como dos extraños.
A su regreso consultaron con una terapeuta, y se enteraron que el problema de Fernando es bastante común. “Si un hombre no tiene erecciones, probablemente no entenderá la causa”, dice Jordán.
“Entonces se sentirá incapaz, se avergonzará, y ello contribuirá a que no supere su condición”. Olvidarse de las relaciones sexuales quizá le parezca mejor que enfrentarse a la posibilidad de no hacerlo bien.
Los trastornos sexuales pueden deberse a distintas causas. Muchas de esas pueden deberse a caracteres exclusivamente físico, y se pueden corregir. Las deficiencias de la glándula tiroides y los desequilibrios hormonales, como una concentración alta de prolactina o un nivel bajo de testosterona, disminuyen el apetito sexual. Lo mismo sucede con algunos antidepresivos, bloqueadores beta y medicamentos contra la hipertensión arterial. Según el doctor Richard Reznichek, profesor clínico adjunto de urología, enfermedades como la diabetes, o los efectos de las operaciones de próstata y de cáncer rectal, pueden impedir la erección.
Entre las causas psicológicas figura la angustia por la propia capacidad. Según Carroll, la preocupación por no lograr la erección llega a inhibir el deseo, y a dificultar su consecución.
La terapeuta explico a Fernando y Sandra la importancia de no estar pasando en eso. También convenció a Fernando de que bebiera menos cocteles (que apagan el deseo sexual), y alentó a la pareja a fijar su atención en las caricias, juguetes sexuales y mimos. El remedio surtió efecto. Sobrio, consciente y concentrado en el placer sensual, Fernando olvidó sus temores.
“Si experimenta placer sexual y sensual, con y sin coito, la capacidad amatoria no importa tanto”, asegura otro experto. “Cuando se aprende a disfrutar sin preocuparse por la frecuencia, la duración y la cantidad, la actividad sexual resulta muy grata”.
¿Y los que no piensan así, y les escurren el bulto a las relaciones sexuales?
El psicólogo experto responde:
“Cuando una persona se niega a hacer el amor se castiga a sí misma, porque se pierde el placer”.

Última actualización el miércoles 01 febrero, 2012

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