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Una cita nocturna

Noticia publicada el miércoles 21 noviembre, 2007 - por Alice Carroll

Ahora que ya estaba en la calle se empezaba a arrepentir de haber dicho que sí. Ella y su perversa curiosidad. Los tacones finos que calzaba marcaban su paso no sin cierto escándalo en el silencio nocturno e intentaba caminar de puntillas para evitar ser el centro de las miradas de los que a esas horas pululaban por allí: pequeños grupos de jóvenes bebiendo a las puertas de los bares, taxis de ronda llevando a los últimos regazados de la noche a sus casas, alguna que otra parejita ocasional metiéndose mano al amparo de la oscuridad. Alicia caminaba entre todos ellos intentando pasar desapercibida, pero el ruido de sus tacones y su indiscreta vestimenta parecían impedirlo. Su minifalda vaquera dejaba asomar la parte baja de sus glúteos y por ende, su pequeño tanga; y su blusa blanca, abotonada lo imprescindible para dejar al aire su ombligo y su escote eran de todo menos decentes. Sus pechos vibraban cual gelatina. Caminaba con brío para atravesar toda la zona de bares por la que no tenía más remedio que pasar.

Intentó recordar los motivos que le habían llevado a salir a la calle a las 3 de la mañana. ¿Su excitación? ¿La necesidad de nuevas aventuras? ¿El morbo de la primera vez? Lo cierto es que chatear aquella noche de aburrimiento con el tal “Kal” había sido sumamente entretenido, le había llevado en poco tiempo a un estado tal de excitación, que, ante la pregunta de si iría esa misma noche a su casa, Alicia casi ni lo dudó y dijo que sí. Ella siempre mentía a la hora de dar sus datos personales en los chats, pero con Kal había sido distinto. Fue sacando uno a uno sus secretos, sus deseos más íntimos y cuando Alicia confesó que vivía en la misma ciudad que él, todo se aceleró. Kal fue entonces cuando sorpresivamente le habló con sinceridad: no estaba solo, su pareja estaba a su lado y querían a una mujer de tercera para esa noche. Alicia se echó hacia atrás en el asiento al leer aquellas palabras en la pantalla de su ordenador y tecleó un “NO” rotundo. Tenía ganas de acostarse con Kal a pesar de que fuera un perfecto desconocido, únicamente le conocía por una borrosa foto de su cuerpo que él le había enviado a su ordenador. Pero acostarse con una mujer no entraba dentro de sus planes… Kal insistió incansable y resultó ser de lo más persuasivo dado que Alicia finalmente aceptó, haciendo que de nuevo, su morbosa curiosidad, ganara la partida.

Pero ahora en la calle todo era distinto. Ya no estaba tan excitada, la suave temperatura de la noche había aliviado el sofoco del calor que desprendía su ordenador y ya no tenía las cosas tan claras. De nuevo metida en líos y en situaciones complicadas, su maldita doble vida le iba a llevar a la locura.
Su paso se hizo más lento al llegar a la calle que le había proporcionado Kal. Era una urbanización nueva, en la que aún se podía ver el cartel de la promotora ofreciendo pisos. Llegó al portal y llamó.
-¿Eres Alicia?
-Sí…soy yo.
-Sube por favor.

Su corazón bombeaba intensamente, podía oír los latidos en sus oídos. Cogió el ascensor y se miró en el espejo. La ropa que llevaba puesta era enormemente sexy y marcaba sensualmente sus formas de mujer.

Kal abrió la puerta descalzo y con unos boxers amarillos como único atuendo. Llevaba una copa en la mano que ofreció a Alicia casi antes de saludar.
-Me gustas Alicia.
–Y le plantó en la cara dos sonoros besos.
-Hola Kal.

En esos momentos, a Alicia no le salían las palabras, su timidez se había apoderado de ella y, aunque Kal tenía un cuerpo musculoso y muy cuidado a base de horas de gimnasio, no tenía ganas en ese momento más que de volver a su casa. Pero no lo hizo y siguió obedientemente a Kal hasta el salón. Sentada en el sofá y con un camisón negro, se hallaba la tal Alina, que era la mujer de la que le había hablado en el chat. Kal presentó a ambas mujeres y Alicia se sentó a su lado con la copa agarrada entre las manos para que no se le notara su pequeño temblor nervioso. Alina era una mujer morena, de largo pelo y ojos castaños. Alicia miró su cuerpo de forma disimulada: tenía grandes pechos y quizás algún kilo de más repartido en su cuerpo, sus piernas eran largas y tenía las uñas de los pies coquetamente pintadas de rosa.

Kal puso música y se sentó al lado de Alicia, haciendo caso omiso de la presencia de Alina. Comenzó a acariciarle sus brazos, besó su cuello y bajó la mano hasta sus piernas. Alicia se sentía algo retraída por la situación, pero a pesar de ello, dejó que Kal abriera sus piernas y acariciara la zona interna de sus muslos mientras éste se acercaba para apretarse aún más contra ella. Kal fue besando con constancia todo su cuerpo, dejando un rastro de saliva en cada zona que lamía. Avanzó posiciones recorriendo sus muslos hasta llegar a su sexo. El leve roce de su mano en él avivó el mismo y el pequeño temblor que Alicia tenía en sus manos desapareció. Alicia se dejó hacer por Kal, que parecía que ya tenía prisa por conocer su cuerpo desnudo. Comenzó a acariciarle su torso velludo, no sin antes mirar a Alina de reojo, como señal de petición de consentimiento. Alina le sonrió cómplice. Kal desabrochó su blusa y con sus manos abarcó sus pechos, acercó su boca a ellos, hizo desaparecer su sostén como por arte de magia y devoró cada una de sus montañas. Alicia, tras unos primeros momentos de reparo, se sintió más segura, el sexo mutaba su carácter y hacía que perdiera sus inhibiciones. Ya le empezaba a dar igual que Alina se encontrara a su lado y que se masturbara viendo la escena entre Kal y ella. Alina había subido su camisón hasta la cintura y con ambas manos comenzaba a darse placer. Kal metió una mano por debajo del tanga, Alicia la sintió caliente y abrió más sus puertas, quería que su nuevo inquilino entrara en sus habitaciones sin recelo, ya se había abandonado, ya podía tocar cualquier resorte que lo único que pasaría es que cada vez estaría más fuera de sí. Kal jugueteó con su clítoris, rebuscó entre sus pliegues y zambulló sus dedos en la piscina de deseo en que se había convertido su sexo. La situación comenzó a darle morbo: estaba follando con un desconocido, se sentía mirada por una mujer y ella misma se había convertido en improvisada voyeur. Miraba a Kal sus maniobras, pero no podía dejar de contemplar los rítmicos movimientos de Alina sobre su vulva ya enrojecida por el placer. Los gemidos de Alicia se entremezclaron con los de Alina, que parecía no tener ningún pudor en abrirse de piernas ante una desconocida. Los tirantes de su camisón hacía tiempo que habían perdido su posición y ahora sus pechos asomaban por encima del mismo. Alicia los miró, eran inmensos, mucho más grandes que los suyos. Alina se los sobaba con maestría mientras miraba a Alicia de forma desafiante.

Kal se incorporó, el bulto que tenían sus boxers era ya considerable. Cogió una mano a Alicia, otra a Alina y los tres fueron al dormitorio. Una gran cama con un edredón blanco, un cuadro abstracto encima de ella y dos mesillas de noche con dos lámparas naranjas a juego con la del techo era el único mobiliario que había en ella.

Alicia se desnudó por completo mientras Alina se tumbaba en el lecho, dejando en el suelo el camisón. Kal, de pie, se colocó detrás de Alicia, y ésta notó su miembro desnudo entre sus nalgas. Kal cogió sus pechos y mordisqueó su nuca, empujando su pelvis contra su culo. Alicia gimió sin pudor ante el delicioso ataque de Kal. Con un gesto, le pidió que se tumbara en la cama. Alicia se recostó, miró a Alina de reojo que no paraba de tocarse y volvió a mirar a Kal, que de nuevo tenía sus manos entre las piernas de Alicia. Estaba mojada y tan húmeda, que casi le incomodaba para sentir con intensidad los dedos de Kal. Éste pareció percibir lo que estaba pensando Alicia, se tumbó sobre ella y la penetró lentamente. Alicia se desmoronó de goce en ese momento, cerró los ojos y disfruto de las pequeñas sacudidas que le propinaba Kal. Fue en ese momento, cuando notó que no eran las manos de Kal las que estaban sobre sus pechos, ni la boca de Kal la que los estaba chupando. Abrió los ojos y descubrió que era Alina la que le estaba dando placer. Por un instante se bloqueó, pero Alina conocía bien como hacer gozar a una mujer y mientras Kal seguía penetrándola, Alina comenzó a acariciar todo su cuerpo, cogió uno de sus pechos en sus manos y lo llevó a su boca. Alicia sentía los labios de Alina sobre su pezón, podía percibir el calor de su lengua lamiéndolo. Alina se había desatado y parecía no conformarse con ser una mera espectadora, tenía ansia por conocer el cuerpo de Alicia. Ésta se sentía confusa, no le atraían las mujeres en absoluto, pero se sentía terriblemente excitada viendo actuar a Alina. Un cúmulo de palpitaciones invadió todo su cuerpo y por unos leves instantes, descansó.

Kal salió de Alicia y se tumbó sobre Alina. Jamás había estado tan cerca de una pareja haciendo el amor, pero no se sentía relegada, al contrario, Alina pidió que se acercara y, mientras Kal la follaba, ella se dedicaba a masturbar a Alicia con una pericia fascinante. La mano de Alina rozó la vulva de Alicia, sus dedos largos y finos penetraron su sexo y Alicia volvió a abandonarse al placer sin más, sin importarle de quien vinieran las caricias. Ella misma quiso entrar definitivamente en el dulce juego y comenzó a acariciar y sobar los pechos de Alina, como agradecimiento o como deseo, ya no sabía lo que en esos instantes pasaba por su mente. Le gustó tocar unos pechos ajenos, turgentes y suaves, rozó entre sus dedos los pezones y acarició la gran aureola que los rodeaba. De nuevo, sentía su sexo palpitante con los dedos de aquella mujer a la que no conocía de nada, los movía maravillosamente bien, Alicia movía sus piernas al compás que le marcaba los dedos de su compañera hasta que no pudo más, volviendo a desfallecer con un intenso orgasmo. Kal, cabalgaba sobre Alina y miraba a Alicia hasta que por fin se derramó en Alina, acompañado su orgasmo de unas extrañas convulsiones.

Kal se tumbó en la cama a un lado y el trío descansó en silencio. Tras la batalla, parecía que las palabras no fluían de la boca de ninguno de los guerreros y Alicia se incorporó y se vistió mientras Kal y Alina le daban las gracias por su visita y se hacían los últimos arrumacos.

Kal y Alina al despedirla, le habían dicho que viniera otro día, pero Alicia, a pesar de todo, dudaba, se empezaba a meter en terreno peligroso.

La noche le pareció más cálida que nunca, apenas había gente en la calle y estaba cansada. Llamó a un taxi y se alejó de allí. Miraba las calles pasar veloces en su ventanilla y se preguntaba a sí misma, si algún día volvería a ver a aquella pareja...

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Última actualización el viernes 03 abril, 2009

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5 Comentarios
Dice ser saray 04/03/2014

es verdaderamente faccinante todo esto me enloqueseque delicia de verdad

Dice ser LEAH 23/01/2012

COMO HAGO PARA ENVIAR MIS RELATOS Y TENER UNA REMUNERACION; YA QUE ESTOY PASANDO POR UNA CRISIS MUY AGUDA Y TENGO ENFERMO A MI PADRE.... POR FAVOR... PUEDEN AYUDARME?

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